lunes, 8 de marzo de 2010

DIARIO DE UN HOMBRE SUPERFLUO


"En aquella ocasión, la muerte me miró a los ojos y se percató de mi existencia"

A Iván S. Turguénev le podríamos preguntar aquello de ¿filósofo señor? y el nos podría responder "observador de la vida". En esta breve novela de cien paginas, se ve al observador de la vida. Chulkaturin, el hombre superfluo, es el protagonista de esta historia.

"Es evidente que la naturaleza no contaba con mi aparición, de manera que me trató como a un huésped al que no se a invitado y al que no se espera."

¿Qué voy a contar? Un hombre bien educado no habla de sus enfermedades; escribir una novela supera mis fuerzas, contar la vida que me rodea no es capaz de atraer mi atención, y no hacer nada resulta aburrido; leer me da pereza. ¿Ah¡, me contaré a mi mismo toda mi vida. ¡Excelente idea! Ante la muerte es decoroso y no ofende a nadie.
Nací hace unos treinta años en el seno de una familia de terratenientes bastante ricos. Mi padre era un jugador empedernido y mi madre una dama con carácter..., muy virtuosa, por cierto. Sólo que nunca he conocido a ninguna mujer cuya virtud proporcionase menos satisfacciones. Caía aplastada bajo el peso de sus virtudes y martirizaba con ellas a todo el mundo, empezando por ella misma. A lo largo de los cincuenta años de su vida no se permitió un sólo descanso; jamas se quedó cruzada de brazos: siempre fue de un lado para otro en eterno ajetreo, igual que una hormiga, sólo que sin utilidad alguna, cosa que no se puede decir de la hormiga. Una especie de carcoma infatigable la corroía día y noche. Tan sólo un día la vi fatigada del todo, a saber: el día siguiente a su muerte, en la tumba. Mirándola, se me antojó que su rostro expresaba un mudo asombro; sus labios entreabiertos, sus mejillas hundidas y sus ojos dulcemente inertes parecían pronunciar estas palabras: "¡Qué bien se está sin ajetreos!" En efecto, ¡está bien, pero muy bien , deshacerse finalmente de la atormentada conciencia de la vida, de la inseparable e inquietante sensación de existir! Pero no se trata de esto.
(...)Ella me quería , pero yo a ella no. ¡Sí! evitaba a mi virtuosa madre y adoraba a mi inmoral padre.
(...) Al fin y al cabo para eso están los hijos: para que los padres no se aburran.

"Mientras el hombre está vivo, no siente su propia vida: la apresa, igual que al sonido, sólo al cabo de algún tiempo."

(...)Me gustaría tanto una vez más aspirar hasta la saciedad el frescor amargo del ajenjo, el olor dulce del trigo sarraceno recién segado en los campos de mi infancia; me gustaría tanto escuchar una vez más el tímido y lejano sonido de la agrietada campana de nuestra iglesia parroquial; tumbarme una vez más a la sombra fresca, bajo el roble joven que crece en la pendiente del conocido barranco; una vez más seguir con la vista el trazo palpitante del viento que recorre la hierba dorada de nuestro prado, dejando tras de sí una estela de oscuridad...

Tampoco he rehuido la felicidad; muy al contrario incluso intenté acercarme a ella por la derecha y por la izquierda
(...) Cuando el hombre es feliz, su cerebro, como se sabe, trabaja bien poco. Una sensación de tranquilidad y de alegría, una sensación de bienestar, inunda todo su ser y lo devora; su personalidad desaparece: el hombre se sume en un estado de beatitud, como dicen los poetas mal educados. Pero cuando, finalmente, el "encantamiento" desaparece, le produce pena y lástima el que, mientras era feliz, hubiera dejado de observarse a sí mismo, el que, mientras reflexionaba y se entregaba a evocar los recuerdo, no hubiera multiplicado, no hubiera prolongado su goce.

De todos modos, los hombres como yo lo esperan todo menos aquello que, siguiendo el ritmo natural de las cosas , tiene que suceder.

(...)El príncipe, seguramente, no esperaba encontrar semejante perla en una concha tan fea (me refiero a la repugnante ciudad de O.) y Liza, por su parte, ni en sueños había visto a nadie que recordase, ni de lejos, a aquel aristócrata brillante, inteligente y seductor.
Ni eso, ¡todo lo contrario! Ella misma-yo lo vi- se dejaba arrastrar por la ola. O igual que un árbol joven algo alejado de la orilla, se inclinaba con avidez sobre el torrente, dispuesta entregarle para siempre tanto la primera flor de su primavera como su vida entera.


Ni siquiera pensé mucho rato en la posibilidad de perder la vida, esa, como dicen los alemanes, máxima felicidad en la tierra.

¡Hay, Dios, Dios mio! Me muero...Un corazón capaz y deseoso de amar pronto dejará de latir...¿Será posible que se detenga para siempre, sin haber experimentado la felicidad ni una vez, sin haberse dilatado ni una vez bajo el dulce lastre de la alegría?

Que vuestros corazones se dilaten muchas veces bajo el dulce lastre de la alegría. Y no como "Chiquiturin" que no se enteró de la fiesta. Y no por superfluo:

¿Quién, al fin al otro día.
Cuando el sol vuelva a brillar
de qué pasé por el mundo,
quién se acordará?

Gustavo Adolfo Becquer

viernes, 5 de marzo de 2010

ÚLTIMO BRINDIS

¿Por qué lloras por tu oro que se ha ido
y no por tus días, que desaparecen uno tras otro?
Tu oro no te acompaña más alla de la tumba,
y los días que pasan nuncan volveran.

Poema judío


















ÚLTIMO BRINDIS


Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

Nicanor Parra

sábado, 27 de febrero de 2010

TOMÁS MORO


Tomás Moro fue un londinense procedente de la burguesía a quien el rey había ennoblecido. Su esplendida carrera la debe exclusivamente a su talento y a su rectitud. Discípulo de John Colet, el decano de San Pablo, iguala y sobrepasa a su maestro en brillantez y cultura. Elegido a los 26 años para el Parlamento, se alza en seguida contra las excesivas pretensiones de dinero que tiene el monarca y arrastra tras su voto a la mayoría de ese parlamento. Entonces el rey hace arrestar a su padre: el gesto real le revela muy pronto a Moro la brutalidad del cesarismo pagano que perdura en plena civilización cristiana.



(...)Holbein, el pintor nos dejó retratada a toda la familia. Tenía entonces Tomas 50 año, el color de su rostro, más bien claro, y sus ojos azul- grises. Y allí estaba su segunda esposa, Alicie, una fierecilla rebelde a la educación intelectual que había querido darle su esposo y pronta a refutarle constantemente, un tanto aspera y practica, pero corazón de oro que disimulaba su ternura. También vivian con él su padre y su hijo único, la novia de este, tres hijas casadas, con sus maridos y once nietos, además de una pariente más lejana, Margarita Giggs. Tomás tenía predilección por su hija mayor Margaret, a la que llamaba Meg y enseñaba con gran orgullo a los amigos sus ejercicios de latín.

(...) Cuando su señor, el rey, hizo cuestión de estado la de su matrimonio con Ana Bolena, Tomas guardó silencio y hasta presentó el asunto al parlamento, como era su deber. No había disimulado al mismo rey su punto de vista, contrario a dicho matrimonio, pero, como todavía no se ponía en cuarentena su propia conciencia, no retó al martirio. Dimitió solamente el cargo, cuando este asunto comenzó a implicarse con cuestiones de fe. Entonces se fue a casa, y toda aquella familia, que había vivido en la abundancia y en la placidez del campo tuvo que mendigar y calentarse con helechos, "estando todos alegres", sin embargo, como exigía Tomás. Había sentado a su mesa a los pobres con más frecuencia que a los poderosos y a los sabios , y ahora se puso a buscar trabajo para su servidumbre que ya no podía mantener.
Convocado a Lambeth, en fin, porque su silencio gritaba más que las palabras su no adhesión al nuevo estado de cosas, se le exigió un juramento que en conciencia no podía hacer, y Tomás se negó a firmar. Con una rúbrica pudo salvar su cabeza y el porvenir de su familia, aun pensando para sí lo que a bien tuviese, pero no lo hizo, porque firmar sería anteponer los caprichos de un tirano y de un Parlamento títere, compuesto de imbéciles agradecidos, a la que mantenía su conciencia. Encerrado en la Torre de Londres, no se hizo ilusiones de lo que iba a ocurrirle, pero la conversación con su mujer y con sus hijas y el fabuloso amor a la vida que siempre tuvo le llenaban de angustia. Sólo confiaba que "Dios le daría fuerza para soportar con la paciencia- y acaso con cierta alegre jovialidad- todo lo que se avecinaba". Y así fue, porque hasta cuando subía al cadalso, el 6 de junio de 1535, se mostró capaz de emplear su buen humor con el verdugo, advirtiéndole que cortase de un golpe su cabeza porque a los tiranos no les gustan las equivocaciones; y después gritó su fidelidad al rey, pero primero a Dios. "Padre, perdónalos", fueron sus últimas palabras.

José Jiménez Lozano
La conciencia para un tirano y un hombre para la eternidad
17 de febrero de 1968
Destino

P.D. Este blog está compuesto fundamentalmente de "lecturas diversas y dispersas", para disfrute mio y de todo aquel que le interesen. Ahora toca este libro del gran escritor, José Jiménez Lozano-Ni venta, ni alquilaje- que contiene un centenar de artículos, de los más de mil que tiene publicados en diferentes medios periodísticos.Este articulo, del que hago un extracto, tendría que ser de obligada lectura para nuestros políticos actuales.

viernes, 26 de febrero de 2010

CHOCOLATE Y CUARESMA



LA FAMOSA CUESTIÓN DEL CHOCOLATE


...Porque el chocolate, desde luego, llegó a ser como el centro o emblema de reunión y tertulia, y hasta ocasión de encuentro amoroso o vulgar celestineo, pero eso fue ya desde el XVIII en adelante; un tiempo más atrás, el chocolate tuvo unas vinculaciones más sacrales, y de cuaresma específicamente.
El jesuita Tomás Hurtado, que también abordó el tema de la amoralidad del tabaco. En su obra Si el chocolate quebranta el ayuno de la Iglesia, llega a la siguiente conclusión: el preciado jarabe en cuestión no rompía el ayuno, siempre y cuando no se hiciera muy espeso, que parece que es como gustaba a las gentes del común, y así lo expresaban cuando se disponían a decir alguna impertinencia o, lo que era lo mismo, "las cosas claras".

El interesante bodegón de Luis Egidio Meléndez, que es de 1770 y está en el Prado, se instala ya casi a medio camino entre esos dos tramos de la condición cultural y social del chocolate. Desde luego hay en él una jícara con motivos orientales pintados, y unas pastas de elaboración algo refinada, pero ahí está todavía una cierta pesadez en la composición, una chocolatera clásica con un peso castizo, y el alto mango del molinillo para agitar el líquido, sobresaliendo de ella; y también está ahí un sólido panecillo o bollo de merienda o desayuno "raciales".


Mientras que, por ejemplo, La belle Chocolatiere de Jean Etienne Liotard nos muestra la pura mundanidad en que la toma del chocolate se ha convertido en pleno siglo XIX; y lo importante en este cuadro es, por supuesto, la muchachita que lleva el servicio, pero de él también concierne la delicadeza de las tazas o pocillos, y el agua misma transportándose admirablemente en el vaso . Éste es ya un chocolate totalmente secular y refinado.
José Jiménez Lozano.



La Bella Chocolatera

La joven vienesa que sirvió de modelo para el retrato, se llamaba Anna y tenía 20 años, era hija de un caballero Vienes llamado Melchor Baltauf. Anna trabajaba como camarera. Entonces un Joven príncipe del Imperio llamado Dietrichstein, se enamoró de ella y encargó al pintor Jean Etienne Liotard, que estaba pintado una serie de retratos de miembros del Tribunal Austriaco de Justicia, el retrato de Anna. En Viena se produjo un gran escándalo por la boda entre el príncipe y la camarera. En cambio ahora conocemos al príncipe por ser el marido de la Bella Chocolatera. El día de la boda, Anna invitó a sus compañeros de trabajo y les tendió la mano diciendo: "ahora soy una princesa podéis besar mi mano".


El Bello Chocolatero

Encima del sofá cama tengo colgado un retrato que encargó Mary. En él poso con: mono*, casco, llave inglesa y destornillador. Y ahora me pregunto ¿Quién conoce a Mary?
En cambio Miner ¡Ye mundial!


*Funda. El mono está dentro de la funda.

martes, 23 de febrero de 2010

LA FAMILIA MOSKAT


-Ida, ¿tú crees en la vida después de ésta?
-¿Y tú?
-Yo sí creo.
- Tienes suerte. Para mí, el hombre no es más que una hoja de un árbol.






Esta es la historia de la familia Moskat, una crónica de los judíos de Varsovia, que se extiende desde principios del siglo XX hasta la entrada de los nazis en la ciudad, 1939. En ella se cruzan infinidad de historias y personajes, sin que por ello se pierda nunca el hilo de la narración. Pasiones, celos, envidias, religión; en definitiva la condición humana en estado puro.
En esta novela de cerca de ochocientas paginas no sobra ni una coma. Y siempre como fondo la temática judía. En definitiva, la religión, una más de las condiciones humanas, eso si, la más divina. Los judíos más ortodoxos; -chassidim- con sus bailes, sus rezos, sus matronas con peluca; utilizan la religión como una forma de vida, y con todas sus esperanzas puestas en el más allá. En cambio, los judíos sionistas y socialistas, tienen sus pensamientos puestos en los problemas que oprimen al perseguido pueblo judío de principio de siglo, y, siempre con la mirada puesta en la creación de un estado en Palestina. Nada nuevo bajo el sol. Y como fondo Varsovia, magníficamente retratada por Isaac Bashevis Singer.

El carruaje giró hacia la plaza Gzhybov, y todo cambió abruptamente. Las aceras aparecían repletas de judíos con gabardinas y pequeñas gorras de paño, y mujeres con pelucas y chales sobre la cabeza. Hasta los obreros eran diferentes. Se notaba en el aire el vaho del mercado: frutas podridas, limones, y una mezcla de olor a dulce y alquitrán que no podía describirse y que sólo sorprendía a los sentido cuando uno volvia al lugar después de una temporada de ausencia. La calle era un continuo ajetreo de ruido y actividad(...) Aunque la tarde era cálida, los comerciantes llevaban levitas, de cuyo cinturón colgaban grandes bolsas de cuero para el dinero. Los vendedores permanecían sentados en cajas, en bancos y en los umbrales de las puertas. Los tenderetes estaban iluminados con farolas, algunos con candelas vacilantes colocadas en los bordes de las cajas de madera. Los clientes cogían y pellizcaban las frutas o les daban pequeños mordisco de prueba relamiéndose para comprobar el gusto. Los tenderos pesaban las compras en pequeñas balanzas.

El joven cruzó al otro lado de la verja que separaba la estación de la calle. Por el ancho bulevar, pavimentado con adoquines rectangulares, rodaban los carruajes, con los caballos que parecían cargar directamente contra los grupos de peatones. Chirriaban los tranvías, pintados de rojo. En el aire húmedo flotaba un olor a carbón, humo y tierra. Los pájaros volaban en la luz tenue, moviendo las alas. A lo lejos se veían una fila tras otra de edificios, los cristales de sus ventanas reflejaban la luz del día con un brillo plateado y plomizo o dorado brillante al paso del sol poniente. Penachos azulados de humo subían desde las chimeneas. Algo, olvidado hacía tiempo pero familiar, parecía estar en el aire: los tejados desiguales, los palomares, las ventanas de los áticos, los balcones, los postres del telégrafo con sus cables unidos.

Un desfile funerario se abría camino por medio de todo. A la cabeza iba un sacerdote corpulento con sobrepelliza bordeada de encajes, leyendo rezos de un libro que llevaba abierto. Detrás de él iban cuatro hombres con hábitos acabados en dobles plateados, que llevaban sombreros triangulares y luces en la mano. Sonó una campanilla; los viandantes se quitaron el sombrero y se santiguaron. Una bandada de palomas pasó volando por encima, abalanzándose a picotear los excrementos de los caballos.

Esta visión desoladora es la que tiene el patriarca de la familia, Meshulam Moskat en los momentos finales de su existencia.

"¡Un grupo de estúpidos! idiotas!", pensó.
Se arrepentía de todo: de haberse casado dos veces con hijas de familias ordinarias y haber tenido hijos inútiles; de no haber sido más exigente en la elección de yernos; de haber hecho el ridículo casándose por tercera vez; y, sobre todo, de no haber hecho un testamento detallado, indicando el ejecutor y sellado, en el que habría dejado una parte importante para obras de caridad. Ya era demasiado tarde malgastarían su fortuna. Reñirían y se despedazarían entre sí. Koppel robaría hasta el último céntimo. Abram los estafaría a todos. Hama se quedaría sin nada (...) El sol se había puesto, pero el cielo estaba todavía lleno de luz, con nubes enrojecidas por los lejanos rayos del sol, retamas llameantes, ventanas violeta, extrañas criaturas. Un gran trozo de luminosidad bullía y burbujeaba en el centro, amarillo y verde, como si fuera azufre hirviendo, que le recordaba el río de fuego en que su propio espíritu tendría que purificarse. Una mano de luz, brumas, y espacio, tejía y diseñaba patrones confusos, escribiendo algún mensaje secreto. Pero ningún hijo de hombre ordinario podría entender lo que todo aquello significaba. Al menos, ¿encontraría él Meshulam Moskat, la verdad de las cosas en el otro mundo?

Así se describe en la novela la entrada de las tropas alemanas en Varsovia, que hasta entonces había estado dominada por los rusos.

Lucia el sol con fuerza; un viento suave soplaba desde el Vístula. Los porteros estaban regando las aceras y las entradas de las casa con mangueras de goma. Mujeres jóvenes y muchachas caminaban por las calles, llenas de peatones. En la calle Senador, Abram divisó a las tropas alemanas. Los oficiales iban sentados rígidos sobre sus caballos y con cascos acabados en punta en la cabeza, sables en la cintura y botas con espuelas. Nada en ellos indicaba que acababan de llegar del frente de batalla. Pasaban desfilando anchas columnas de soldados, la mayoría de ellos hombres de mediana edad, de hombros anchos, barrigas redondas y con gafas, con pipas de porcelana entre los labios. Golpeaban las botas contra los adoquines, y cantaban con voces roncas unos absurdos balidos, que causaban la risa de la multitud de espectadores. Se oyeron gritos de saludo a los conquistadores.
- Gut´Morgent! Gut´morgent!


lunes, 22 de febrero de 2010

AZNAR EL DEDOCODIFICADOR TERRESTRE




A partir de Abril entrará en funcionamiento la TDT, mandar información de manera "digital" para luego descodificarla en imagen y sonido.
En España hace tiempo que tenemos a José María Aznar realizando pruebas digitales, primero descodificó empresas públicas en privadas y, colocó digitalmente a varios amigos- ¡funcionó! -todos se forraron. Luego nombró digitalmente a un tal Mariano, que pasó, de registrador de la propiedad, a líder de la oposición ¡Y también funcionó!
¡Presidente, Presidente, Presidente!
-¿Quién yo?
-No; tu no Mariano, el mesías.... Aznar.

Lo que no sabe José María Aznar, es que el mediador, entre el cerebro y las manos, ha de ser el corazón. Pero no el dedo conocido como Corazón. Sino el otro


martes, 16 de febrero de 2010

AQUÍ


AQUÍ

No sé cómo será en otras partes
pero aquí en la tierra hay bastante de todo.
Aquí se fabrican sillas y tristezas,
tijeras, violines, ternura, transistores,
diques, bromas, tazas.
Puede que en otro sitio haya más de todo,
pero por algún motivo no hay pinturas,
cinescopios, empanadillas, pañuelos para las lágrimas.
Aquí hay un sinfín de lugares con sus alrededores.
Algunos te pueden gustar especialmente,
puedes llamarlos a tu manera,
y librarlos del mal.

Puede que en otro sitio haya lugares así,
aunque nadie los encuentra bonitos.

Quizá como en ningún sitio, o en pocos sitios,
aquí tengas un torso separado
y con él los instrumentos necesarios
para añadir los propios a los niños de otros.
Y además brazos, piernas y una cabeza sorprendida.

La ignorancia tiene aquí mucho trabajo,
todo el tiempo cuenta, compara, mide,
saca de ello conclusiones y raíces cuadradas.
Ya, ya sé lo que estás pensando.
Aquí no hay nada duradero,
porque desde siempre hasta siempre está en manos de los elementos.
Pero date cuenta: los elementos se cansan rápido
y a veces tienen que descansar mucho
hasta la próxima vez.

Y sé qué más estas pensando.
Guerras, guerras, guerras.
Pero incluso entre las guerras a veces hay pausas.
Firmes -la gente es mala.
Descansen- la gente es buena.
A la voz de firmes se produce devastación.
A la voz de descansen se construyen casas sin descanso
y rápidamente se habitan.

La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el cuerpo.

Y por si fuera poco,
giras sin billete en un carrusel de planetas
y junto a éste, de gorra, en un torbellino de galaxias,
en unos tiempos tan vertiginosos
que nada aquí en la Tierra llega ni siquiera a moverse.

Porque mira bien:
la mesa está donde estaba,
en la mesa una carta, colocada como estaba,
a través de la ventana un soplo solamente de aire,
y en las paredes ninguna terrorífica fisura
por la que el viento te lleve a ninguna parte.

Wislawa Szymborska

domingo, 14 de febrero de 2010

LAS MENINAS




Las Meninas son un retrato de familia muy bien traído y compuesto, esto es, con una escenografía estupenda. Allí está la infanta Margarita que tiene sed, y la instantánea de la pintura recoge el momento en el que se la alcanza una jarrita con agua. Allí están en torno las meninas o damas de servicio, hay también un criado, y está sobre todo don José Nieto, aposentador de palacio que está abriendo la puerta del fondo por la que entra un sol esplendente, porque la puerta debe de dar a una terraza o solarium. Y luego están también el pintor, naturalmente, y los reyes, que se supone que van a entrar en la habitación y se reflejan en el espejo que hay en la pared; y dejo para lo último la mención de "los habitantes" de la parte derecha del cuadro: María Bárbalo, que es una mujercilla de placer, Nicolasillo Pertusato , que es un bufón o también "hombrecillo de placer de la Corte", igualmente, y el leonado perro sobre el que el bufoncillo tiene puesto su pie, pero se ve que es tranquilo, entre majestuoso y filosófico. Estos son los seres menos importantes del cuadro, desde luego, según los valores de curso en el mundo, pero los que más nos desasosiegan, y, al fin y al cabo, los que que en realidad nos dan la clave de todo. Es decir, no sólo de esta pintura de Corte y retrato de familia, sino también de lo que era la España de aquel tiempo, y también España sin más, la entraña de España, como decía.
Ciertamente nos ponemos muy melancólicos si nos ponemos a pensar en el destino que esperaba a la Infantita en cuando fue a Viena para casarse. En el Kunsthistorischen Museum de la ciudad hay otras pinturas de la Infanta, igualmente de niña, realmente encantadoras, pero también está allí su sepulcro en la Cripta de los Capuchinos, y nos entenebrece en mirada de Las Meninas el recuerdo de estas cosas, como nos laceran destinos como el de María Bárbola y Nicolasillo Pertusato, sobre todo el de la primera, "un ser de desgracia", como diría Simone Weil, y podemos afirmar desde luego que ese fue el verdadero honor de Velázquez : el haber retratado a esos seres de desgracia, más importantes realmente que los más altos emperadores y sabios de este mundo. ¿Pensaba eso mismo Felipe IV que, al igual que la reina, que por cierto se presentó arreglada para posar, aceptaron quedarse en un segundo plano en el cuadro, reflejados simplemente en el espejo?

José Jiménez Lozano
11 de julio de 1999
El Norte de Castilla
Ni venta, ni alquilaje

ELECTROPOLIS

viernes, 12 de febrero de 2010

EFECTOS SECUNDARIOS... ¡EMBARAZO!




En otro tiempo
Soma Morgenstern

Mientras regresábamos pregunté a mi hermano por la familia de Matwej, pues había visto a tres mujeres jóvenes, de las cuales dos parecían estar embarazadas. Shemelke se rió y me puso al corriente de la vida y la poco común ocupación de su amigo Matwej. Tenía más de cuarenta años y no estaba casado. La mujeres que yo había visto eran sus pacientes. Matwej era un médico de pueblo que por lo general sólo curaba a mujeres. Sus pacientes solían ser mujeres y chicas que tenían una enfermedad llamada slipota. Slipota quiere decir ceguera. Y Matwej era un especialista en esa enfermedad. No fue necesario que mi hermano me explicara lo que era slipota en realidad. Las pacientes de Matwej no estaban exactamente ciegas. Sólo sufrían de una enfermedad que no era exclusiva de aquel pueblo: en los meses de primavera y verano, sobre todo, muchos hombres y mujeres salian a trabajar al campo perfectamente sanos pero al atardecer tenían que ser ayudados para volver a casa porque tenían síntomas de slipota. Matwej se había echo famoso por ser el único capaz de curar aquella enfermedad. Escogía a sus pacientes, por lo general bellas mujeres y chicas, y realmente las curaba, a su manera. Se las llevaba a su casa y las sometia a un tratamiento que consistía en una buena alimentación, y cuyos efectos secundarios era que casi siempre salían embarazadas. Durante el tiempo que duraba la cura, que a menudo se prolongaba varios meses, las pacientes trabajaban en la granja y en los campos, y eran dadas de alta, completamente sanas, cuando ellas querían. Matwej era muy hospitalario y las dejaba quedarse todo lo que quisieran, mientras estuvieran contentas. De vez en cuando curaba también a algún hombre con slipota, pero es evidente que sólo lo hacía para disimular. Como todo curandero que se precie, estaba francamente convencido de la eficacia de su método. Y con el tiempo se hizo rico y famoso.
Cuando era niño me impresionaba ver cómo acompañaban a los que sufrían slipota, al atardecer. Incluso a veces yo mismo llevé a alguno de esos enfermos. Nadie se preocupaba demasiado por ellos porque todos sabían- yo lo supe desde que era muy niño-, que se trataba de una enfermedad de temporada y que sólo afectaba a los campesinos, muy raramente a un judío.

Creo que en aquellos años la medicina aún desconocía que el origen de la enfermedad estaba en una alimentación insuficiente o desequilibrada. En las semanas y los meses previos a la época de la cosecha, la alimentación de los campesinos era muy deficiente. Al parecer les faltaban vitaminas, pero por aquella época nadie sabía lo que eran. Matwej no fue un pionero en medicina y nunca le habrían dado el Nobel, pero supo hacer lo correcto: ofrecía a sus pacientes una buena alimentación y un tratamiento basado en calor y amabilidad. Así fue como consiguió un merecido éxito y, en palabras de mi hermano un harén.