miércoles, 2 de diciembre de 2009

EPITAFIO DEL ENAMORADO

Si alguien quiere escribir mi biografía
no hay nada mas sencillo.
Dispone de dos fechas solamente:
la del día en que te conocí
y la del día que te fuiste.
Entre una y otra transcurrió mi vida.
Lo que ocurriera antes, lo olvidé.
Lo que suceda ya, carece de importancia.

Autor: Juan Bonilla
Obra: Efectos secundarios











Fernando Pessoa


Si después de morir queréis escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas: la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.

Soy fácil de definir.
Vi con furia.
Amé las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiese realizar, porque nunca cegué.
Incluso oír nunca fue para mí más que un acompañamiento de ver.
Comprendí que las cosas son reales y diferentes, todas, las unas de las otras;
lo comprendí con los ojos, nunca con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento sería encontrarlas a todas iguales.
Un día me vino el sueño, como a cualquier niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y además, fui el único poeta de la Naturaleza.

Alberto Caeiro (hetéronimo de Fernando Pessoa)



domingo, 29 de noviembre de 2009

VALLE INCLÁN


¿Cómo se quedó manco don Ramón? Mi versión está compulsada con los relatos conseguidos, a través de los años, de labios de los más veraces testigos presenciales del suceso.
Paco Sancha, el gran dibujante malogrado, y Ruiz Castillo, el editor benemérito, son los que más me han completado el relato.
La causa ocasional fue una disputa que tuvo el caricaturista portugués Leal da Cámara -simpático y admirado amigo- con un joven distinguido que se llamaba López del Castillo, y que acabó en el planteamiento de un lance personal.
En el café de la Montaña -entre la calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo- que es donde se reunían Valle, Benavente, Manuel Bueno, Fernández Bahamonde, Palomero y Ricardo Baroja, se puso a discusión aquel duelo pendiente.
-Es inútil que traten ustedes de ese duelo -dijo Manuel Bueno-. No puede verificarse porque Leal de Cámara no tiene edad para batirse.
-No zea uzted majadero, que uzted no zabe una palabra de ezo -replicó Valle-Inclán.
Manuel Bueno, al oírse insultado así, dio un paso atrás y levantó en el aire un bastón que llevaba con barra de hierro.
Valle agarró una botella de agua por el cuello, como si manejase el as de bastos y, llenando de agua a todos, dio lugar a que Manuel Bueno descargara el bastonazo; pero con tan mala fortuna que le incrustó en la carne el gemelo del puño.
Todo se arregló de momento, pero al día siguiente se gangrenaba la pequeña herida y el médico dijo a Ruiz Castillo y a Benavente que había que cortar el brazo. Se consultó con don Ramón y éste dijo que sí, que lo amputasen, pero sin cloroformizarle, y hasta hay quien dice que se cortó parte de la barba para ver bien la operación.
El caso es que mientras era operado se desmayó, y al volver en sí, ya vendado y sin brazo, dijo a don Jacinto: "¡Cómo me duele este brazo!" Y Benavente le contestó: "Ese ya no, Ramón."
A partir de ese momento sólo pensó el escritor en poder salir a la calle para matar a su desmochador, cosa que evitaron los amigos haciendo que Manuel Bueno entrase en aquella alcoba, que olía a yodoformo, y logrando una lacónica y magnífica reconciliación.
(...) Durante algún tiempo usó un brazo ortopédico, con algo de brazo de guantería, que en las discusiones ponía en alto con la otra mano y que a veces se olvidaba de bajar y se quedaba como un pararrayos macabro de las palabras.
Con una sola mano seguía siendo tan agresivo como siempre y daba bofetadas que eran dobles, porque tenía en la mano derecha la fuerza concentrada de las dos manos.
Pronto se dejó la manga vacía -quitándole el péndulo del brazo articulado y señalador- y después se atrevió a recogerse la manga, deteniéndola izada con un alfiler de gancho.
Su gesto más imponente era el que hacía cuando estaba de pie y con el brazo derecho, cruzado por detrás de la espalda, se agarraba la manga vacía como si llamase a la campanilla de sí mismo o como si diese la mano a la muerte.

Cuando Primo de Rivera llegó al poder, Valle se encaró con el dictador, y se dio la orden de detenerlo.
Muy de mañana apareció la policía en su casa.
Don Ramón, que casi se acababa de acostar, comenzó a gritar desde la cama:
-¡Que se vayan! estas no son horas de detener a nadie.
Los agentes insistieron y entonces don Ramón les gritó:
-Necezito que me traigan un mandamiento judicial, y además yo me levanto más tarde.
Los agentes fueron a pedir nuevas órdenes y el mandamiento apetecido, volviendo al poco rato con el papel sellado y con la orden de levantarle, vestirle y llevárselo.
(...) Pronto estuvo vestido, hizo un paquete con libros y muchas cuartillas, "para escribir el Quijote en la cárcel", y salió para el juzgado.
Allí el juez le preguntó formulariamente:
-¿Cómo se llama usted?
-¡Que cómo me llamo yo!-gritó den Ramón...- ¡habráse visto insolencia parecida...! El que no sabe cómo se llama usted soy yo.
Entonces el juez, irritado, no le perdonó ninguna de la preguntas rituales:
-¿Su profesión?
Escritor. ¿No lo sabía usted?
-¿sabe leer y escribir?
-No.
-Me extraña la respuesta- dijo el juez con sorna.
Pues más me extraña a mí la pregunta...Y ya no voy a responder más...Mande llamar a sus esbirros y que me den tormento.
El juez sonrió y acortó el acta mandándolo a la cárcel, donde estuvo Don Ramón muy pocos días.

Ramón Gómez de la Serna
Retratos contemporáneos

sábado, 28 de noviembre de 2009

MADRIGAL LENTO



Te haces al deshacerte más hermosa,
lo mismo que en la nieve derretida,
bajo su tersa limpidez dormida,
el tiempo, vuelto espíritu, reposa.

Te haces tan dulcemente tenebrosa,
lago de mi montaña ensombrecida,
que en tu quietud recoges hoy mi vida;
mi ayer que a mi mañana se desposa.

Igual que ayer cantaba a mi montaña,
hoy a ti, mi honda paz, mi nieve viva,
mi muerte atesorada en la costumbre

canto, mientras tu tiempo te acompaña,
oh, clara compañera fugitiva,
hacia el desnudo mar desde la cumbre.


Leopoldo Panero

miércoles, 25 de noviembre de 2009

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
















Busco en la muerte la vida,
salud en la enfermedad,
en la prisión libertad,
en lo cerrado salida
y en el traidor lealtad.
Pero mi suerte, de quien
jamás espero algún bien,
con el cielo ha estatuido,
que, pues lo imposible pido,
lo posible aún no me den.

Don Quijote XXXIII




Juan Ramón Jiménez que era un hipocondríaco reconocido, seguro que sería feliz, si pudiera ver que el hospital de Huelva lleva su nombre. Lo mismo que Miner, un vago reconocido, también lo sería si, un sofacama, llevara su nombre. JRJ en su juventud vivió durante tres años en el sanatorio Nuestra Señora del Rosario, así lo cuenta Rafael Cansinos-Assens en la novela de un literato.

Algunos domingos Manuel y Antonio Machado, Villaespesa y, el mismo Cansinos iban a verle al sanatorio El Rosario. Las voces y las risas se apagaban, lo mismo que el sol poniente, cuando trasponíamos la verja del sanatorio y cruzábamos el jardín, ya en sombra, donde cantaba una fuente invisible.
Una enfermera, discreta, pulcra y sigilosa, nos guiaba hasta el departamento que allí ocupaba el poeta de las rimas. Una habitación medianamente grande, con ventanas al jardín, confortable como un cuarto de hotel caro, en la que había luz encendida. Una mesa, con libros y papeles en el centro, una chimenea francesa en uno de los testeros, con retratos, flores y libros sobre su tapa de mármol. Y en aquel marco de selección, el poeta, pulcro, correcto también, joven, fino, pálido, serio y triste, con unos grandes ojos negros y melancólicos, un bigotillo negro y una barbita en punta, como la de D`Annunzio, tendiéndonos la mano suave y pálida, lacia, en un gesto de fría cordialidad, con una sonrisa que dejaba ver sus dientes blanquísimos de no fumador.

-¿Eres feliz, hombre!-exclamaba Villaespesa-. No te falta nada...Y tienes muy buen aspecto, ¿verdad?
Y nos interrogaba a todos. Todos asentíamos.
-Psch... En realidad, no tengo nada concreto-Explicaba Juan Ramón-. Solamente esta tristeza, esta angustia, esta inquietud, el corazón, no sé. El doctor Simarro me dice que son los nervios y me receta bromuro a todo pasto. Pero ¿qué tiene que ver el bromuro con esta tristeza?...Es que la vida es triste. Me dice que haga por alegrarme y distraerme, pero, ¿Cómo alegrarme? Si a mí me asusta la alegría. Las cosas alegres me ponen más triste.

El ayudante del doctor Simarro, un mediquito joven y estúpido, que cuando a veces me siento morir y lo llaman, viene, me toma el pulso y se echa a reír, y dice "¡Vaya! lo que usted tiene son dengues. Usted lo que tiene que hacer es venirse conmigo y con unas pelanduscas a la verbena y coger una pítima. "Pero si me estoy muriendo -le digo yo-. ¡Si me va a dar un colapso!" Y el idiota se ríe "¿Qué se va a morir? Bobadas aprensiones. Ande y véngase a la verbena" "¡Qué horror, a la verbena! ¡Sería terrible! Morir allí de pronto, entre aquel ruido y aquella alegría, entre borrachos y mujeronas con mantones de manila. ¿Pero es que no existe la muerte repentina? ¡No reza la iglesia en oración!: "¡De la súbita muerte, del rayo y de la centella, líbranos, Señor!"

Menos mal que apareció Zenobia Camprubí. Detras de cada gran hombre siempre hay una sufrida mujer; Marco Antonio y Cleopatra, Lucia y Joaquín (dúo Pimpinela), el Pato Donald y Daisy, ¡Miner! y Mary.

Juan Ramón Jiménez regresó a España, ya casado con su novia neoyorquina , Zenobia Camprubí, hija de un anticuario catalán que se ha enriquecido en Norteamerica. Ese matrimonio que ha salvado de la indigencia al poeta de Rimas, que últimamente- según don Julio del Moral- vivía de la munificencia de Martínez Sierra-, le ha costado a aquel esfuerzos heroicos. JRJ conoció a su Zenobia en el curso de un viaje que ésta hizo con sus padres a la península. Los padres de la joven, enterados de la precaria situación del poeta, se opusieron tenazmente al noviazgo y, para que no siguiera adelante, se llevaron a su hija a Nueva York. Pero el abúlico y desencantado JRJ no se arredró por ello y, ayudado por amigos poderosos, lo arreglo todo para presentarse dignamente en Nueva York y hasta reunió un lote de cuadros de primeras firmas como regalo para el futuro suegro. Éste acabó por rendirse y la boda se celebró.


Normal, así también me rindo yo. Hace poco leí unas memorias del sobrino de Federico García Lorca, Manuel Fernández Montesinos. "Lo que en nosotros vive". Contaba una visita que realizó de niño con su madre a la casa de Juan Ramón y Zenobia: Pero, a mi niño, por mucho que me hubiera gustado el borriquillo no me gustó su autor. Todo de negro, la barba aunque canosa también negra. Adusto, serio, de mirada penetrante, pero completamente exenta de bondad.

Pintor que me has pintado
en este cuadro vago de la vida,
tan bien, que casi
parezco de verdad; ¡ay, pínta-
me nuevamente, y mal, de modo
que parezca mentira!

Juan Ramón Jiménez

P.D. Rafael Cansinos Assens, era escritor y periodista, pero sobretodo traductor. Dominaba varios idiomas como el árabe, el hebreo, el ruso (traductor de Dostoievski), el alemán, francés, ingles . Vamos que era como yo, que se callarme (a duras penas) en todas esas lenguas y en más.

domingo, 22 de noviembre de 2009

CUENTOS DE LA ALHAMBRA



LA AVENTURA DEL ALBAÑIL

Existió en otro tiempo un pobre albañil de Granada que guardaba los días de los santos y las festividades-incluyendo San Lunes-, y el cual, a pesar de toda su devoción, cada día se empobrecía más y a duras penas conseguía ganar el pan para sustentar a su numerosa familia. Una noche fue despertado de su primer sueño por un aldabonazo que dieron en su puerta. Abrió, y se encontró con un clérigo alto, flaco y de rostro cadavérico.

- ¡Oye, buen amigo! -le dijo el desconocido-. He observado que eres buen cristiano y que se puede confiar en ti. ¿Estarías dispuesto a aceptar un trabajo esta misma noche?

- Con toda mi alma, reverendo padre, con tal de que se me pague debidamente.

- Serás bien pagado; pero tendrás que permitir que se te venden los ojos.

El Albañil no presentó objeciones; así pues, vendados los ojos, fue conducido por el cura a través de varias retorcidas callejuelas y tortuosos pasajes, hasta que se detuvo ante el portal de una casa. El cura sacó la llave, giró una chirriante cerradura y abrió lo que por el sonido parecía una pesada puerta. Cuando entraron, cerró, echó el cerrojo y el albañil fue conducido por un resonante corredor y una espaciosa sala a la parte interior del edificio. Allí le fue quitada la venda de los ojos y se encontró en un patio, alumbrado apenas por una lámpara solitaria. En el centro se veía la seca taza de una vieja fuente morisca, bajo la cual le pidió el cura que formase una pequeña bóveda; a tal fin, tenía a mano ladrillos y mezcla. Trabajó, pues, toda la noche, pero sin que acabase la faena. Un poco antes del amanecer, el cura le puso una moneda de oro en la mano y, habiéndolo vendado de nuevo, lo condujo a su morada.

- ¿Estás conforme -le dijo- en volver a completar tu tarea?

- Con mucho gusto, señor padre, puesto que se me paga tan bien.

- Bien; entonces, volveré mañana de nuevo a medianoche. Así lo hizo y la bóveda quedó terminada.

- Ahora -le dijo el cura- debes ayudarme a traer los cadáveres que han de enterrarse en esta bóveda.

Al pobre albañil se le erizaron los cabellos cuando oyó estas palabras. Con pasos temblorosos siguió al cura hasta una apartada habitación de la casa, en espera de encontrarse algún espantoso y macabro espectáculo; pero se tranquilizó al ver tres o cuatro grandes orzas apoyadas en un rincón, que él supuso llenas de dinero.

Entre él y el cura las transportaron con gran esfuerzo y las encerraron en su tumba. La bóveda fue tapiada, restaurado el pavimento y borradas todas las señales del trabajo. El albañil, vendado otra vez, fue sacado por un camino distinto del que antes había hecho. Luego que anduvieron bastante tiempo por un complicado laberinto de callejuelas y pasadizos, se detuvieron. Entonces, el cura puso en sus manos dos piezas de oro.

- Espera aquí -le dijo el cura- hasta que oigas la campana de la catedral tocar a maitines. Si te atreves a destapar tus ojos antes de esa hora, te sucederá una desgracia.

Dicho esto, se alejó. El albañil esperó fielmente y se distrajo en sopesar las monedas de oro en su manos y en sonarlas una contra otra. En el momento en que la campana de la catedral lanzó su matutina llamada, se descubrió los ojos y vio que se encontraba a orillas del Genil. Se dirigió a su casa lo más rápidamente posible y se gastó alegremente con su familia, durante una quincena de días, las ganancias de sus dos noches de trabajo; después de esto, quedó tan pobre como antes.

Continuó trabajando poco y rezando bastante, guardando los domingos y días de los santos, un año tras otro, en tanto que su familia seguía flaca y andrajosa como una tribu de gitanos. Una tarde que estaba sentado en la puerta de su choza se dirigió a él un viejo, rico y avariento, conocido propietario de muchas casas y casero tacaño. El acaudalado individuo lo miró un momento por debajo de sus inquietas y espesas cejas.

- Amigo, me he enterado de que eres muy pobre.

- No tengo por qué negarlo, señor, pues es cosa que salta a la vista.

- Supongo, entonces, que te agradará hacer un trabajillo y que lo harás barato.

- Más barato, señor, que ningún albañil de Granada.

- Eso es lo que yo quiero. Tengo una casa vieja que se está viniendo abajo y que me cuesta en reparaciones más de lo que vale, porque nadie quiere vivir en ella; así que he decidido arreglarla y mantenerla en pie con el mínimo gasto posible.

El albañil fue conducido a un caserón abandonado que amenazaba ruina. Pasando por varias salas y cámaras vacías, penetró en un patio interior, donde atrajo su atención una vieja fuente morisca. Quedóse sorprendido, pues, como en un sueño, vino a su memoria el recuerdo de aquel lugar.

- Dígame -preguntó-, ¿quién ocupaba antes esta casa?

- ¡La peste se lo lleve! -exclamó el propietario-. Fue un viejo cura avariento que sólo se ocupaba de sí mismo. Decían que era inmensamente rico y que, al no tener parientes, se pensaba que dejaría todos sus tesoros a la Iglesia. Murió de repente, y acudieron en tropel curas y frailes a tomar posesión de su fortuna, pero sólo encontraron unos pocos ducados en una bolsa de cuero. A mí me ha tocado la peor parte, porque desde que murió, el viejo sigue ocupando mi casa sin pagar renta, y no hay forma de aplicarle la ley a un difunto. La gente pretende que se oye todas las noches un tintineo de oro en la habitación donde dormía el viejo cura, como si estuviese contando dinero, y en ocasiones, gemidos y lamentos por el patio. Falsas o verdaderas, estas habladurías han dado mala fama a mi casa y no hay nadie que quiera vivir en ella.
- Basta -dijo el albañil con firmeza-; permítame vivir en su casa, sin pagar, hasta que se presente mejor inquilino, y yo me comprometo a repararla y a apaciguar el molesto espíritu que la perturba. Soy buen cristiano y hombre pobre y no tengo miedo al mismo diablo, aunque se presente en forma de un talego de dinero.

La oferta del honrado albañil fue de buena gana aceptada; se trasladó con su familia a la casa y cumplió todos sus compromisos. Poco a poco fue restaurándola hasta volverla a su primitivo estado; ya no se oyó más por la noche el tintineo de oro en el dormitorio del difunto cura, sino que comenzó a oírse de día en el bolsillo del albañil vivo. En una palabra: aumentó rápidamente su fortuna, con la consiguiente admiración de todos sus vecinos, y llegó a ser uno de los hombres más ricos de Granada. dio grandes sumas a la Iglesia sin duda para tranquilizar su conciencia, y nunca reveló el secreto de la bóveda a su hijo y heredero, hasta que se encontró en su lecho de muerte.

Washington Irving

viernes, 20 de noviembre de 2009

EL HOMBRE QUE DETUVO A GARCIA LORCA


EL HOMBRE QUE DETUVO A GARCÍA LORCA

IAN GIBSON

AGUILAR


En este libro, Ian Gibson analiza la figura de Ramón Ruiz Alonso, el "obrero amaestrado" de la CEDA. Elegido diputado por Granada en 1933 durante el Bienio Negro se convierte en el político más fanfarrón y reaccionario de la derecha Granadina . Ramón Ruiz participó en la detención de Federico García Lorca que se encontraba en la casa de la familia Rosales y lo llevó detenido al gobierno civil. La noche del 17 al 18 de agosto, probablemente a las dos de la madrugada, Lorca fue trasladado en coche al pueblo de Viznar, baluarte falangista. Unas horas después fue asesinado con otras tres victimas: un maestro de escuela repúblicano, Dióscoro Galindo González, y los banderilleros Francisco Galadí Melgar ("el colores") y Joaquín Arcollas Cabezas ("Magarza"), militantes de la CNT. 
El autor para escribir este libro utilizó numerosa documentación, desde los diarios de sesiones de las cortes, hasta declaraciones de implicados de la época y, también las hemerotecas, con especial atención a la polémica entre dos de los periódicos de Granada, "El Ideal" donde trabajó Ramón Ruiz y el "Defensor de Granada" cuyo director Constantino Ruiz Carnero fue fusilado en los primeros días del golpe militar franquista. La burguesía granadina por diferentes motivos sentía una especial animadversión hacía Federico Garcia Lorca.

Bagaría le pregunta luego por su opinión sobre la llamada "Toma" de Granada en 1492 por los Reyes Católicos, que las fuerzas vivas de la ciudad celebran cada 2 de enero. La respuesta de Federico García Lorca no puede ser más contundente: "Fue un momento malísimo, aunque digan lo contrario en las escuelas. Se perdieron una civilización admirable, una poesía, una astronomía, una arquitectura y una delicadeza única en el mundo, para dar paso a una ciudad pobre, acobardada; a una "tierra del chavico" donde se agita actualmente la peor burguesía de España". 

Es casi seguro que Lorca tenia presente a su padre al escribir la casa de Bernarda Alba. Federico García Rodriguez había sido elegido concejal de Granada por el partido liberal a finales de 1916, incluso ejerció en alguna ocasión de teniente alcalde y no le faltaban acérrimos rivales políticos en la ciudad y en el pueblo de Asquerosa. A diferencia de otros caciques locales, era republicano convencido. Gozaba de fama de desprendido, e incluso había construido casas en Asquerosa para sus jornaleros. Se trataba de una generosidad tal vez sin precedente en la comarca, lo que explica que en el pueblo hubiera-y haya todavía- una calle con su nombre. Federico Garcia Rodriguez, en suma, era el buen cacique del pueblo, mientra Bernarda Alba era exactamente lo contrario. 

Los revisionistas de hoy se empeñan en situar en aquellos acontecimientos el inicio de la Guerra Civil. Lo cierto es que para mucha gente de izquierdas la presencia en el Gobierno de la CEDA significa el primer paso hacia la toma del poder por el fascismo. En la mente de todos estaba el precedente de Hitler, primero, y luego, en Austria, de Dollfuss, tan admirado por José María Gil Robles. El líder de la Ceda nunca había expresado su apoyo a la República...Y se sabía a ciencia cierta, porque él miso lo decía, que abogaba por un nuevo estado corporativista, de corte mussoliniano. La tentación revolucionaria era, pues, lógica en aquellos momentos, aunque muchos socialista estuvieran en contra. Como Indalecio Prieto, por ejemplo, que sin embargo, echada la suerte, apoyó la iniciativa. El periodista argentino Pablo Suero sale de la entrevista que mantuvo con Gil Robles convencido de que este es un agitador apoyado por una organización apabullante, con dinero a manos llenas, "dinero de la iglesia y de los patronos, para invertirlo en el triunfo de su partido, detrás del cual el belfo del Borbón expulsado acecha ansioso". Suero asegura a sus lectores que entre bambalinas, controlando todo, está Ángel Herrera Oria, director del El Debate. El personaje tiene una presencia pública mínima, ciertamente. Apenas nadie le conoce de vista. Pero es el cerebro que maquina en la sombra la caída de la España democrática.

martes, 17 de noviembre de 2009

CELDA 211

CELDA 211
DANIEL MONZÓN

"Entre las pocas cosas que repartidas siempre tocan a más, están el dolor y la miseria" El hombre que amaba a los perros. Leonardo Padura


Este lunes por la mañana tuve un desagradable incidente en el desempeño de mi trabajo. Y por la tarde, para "relajarme" y evitar pensar en el mismo no se me ocurre mejor idea que ir a ver la película Celda 211.
Pues bien, esta es una película muy dura, vamos lo que en ese momento me convenía. Un funcionario de prisiones acude a la cárcel en la que va a trabajar y cuando se encuentra recorriendo las instalaciones en visita de reconocimiento, del techo se desprenden unos cascotes que le golpean en la cabeza, produciéndolo un desmayo. Los compañeros que le acompañaban en la visita, tienen la "feliz" idea de ir a buscar al médico de la prisión, pero mientras tanto dejan al herido dentro de la celda 211. En ese momento en la prisión se desencadena un motín que cambiara la vida del encerrado en esa celda.

La peli es interesante, los actores están bastante creíbles y a los extras, que son presos de verdad, me imagino que les serviría como terapia carcelaria, pues después de participar en esta película dudo que se les ocurra realizar ningún motín carcelario.
Luis Tosar lo borda en el papel de "malamadre" y Alberto Ammann en el papel del funcionario ,está muy bien. Carlos Bardem parece un autentico sicario colombiano. Por último el veterano actor Antonio Resines desempeña el papel de funcionario corrupto.
La película está basada en un libro titulado como la peli ,Celda 211 de Francisco Pérez Gandul. Y yo, que iba al cine a relajarme, casi termino en Urgencias, por depresión postraumatica.

viernes, 13 de noviembre de 2009

MIS PREMIOS (Thomas Bernhard)

Thomas Bernhard
Mis Premios
Alianza literaria

Mis Premios, es un libro con el que me siento plenamente identificado. A lo largo de mi dilatada vida profesional también recibí numerosos galardones: El de empleado más vago del mes, El de las "letras"...impagadas, El récord mundial de la siesta. El problema de estos es que no tenían dotación económica, contrariamente a los de Thomas Bernhard. "Despreciaba a los que daban premios, pero no rechazaba estrictamente los premios. Todo era repulsivo, pero yo me encontraba más repulsivo que nadie. Odiaba las ceremonias, pero participa en ellas, odiaba a los que daban premios, pero aceptaba las sumas de dinero".

Con el dinero de los premios, se iba de viaje, daba una entrada para una casa o se compraba un coche como hizo con el dinero del premio Julius Campe. "Cuando llegué a Viena, cumplí la resolución que había tomado ya en el viaje a Hamburgo: me compré con toda la suma del premio un coche de lujo un Triumph Herald. El coche estaba pintado de blanco y tapizado de cuero rojo. Tenía un salpicadero de madera con botones negros y escrito exactamente el precio de treinta y cinco mil chelines, es decir, cinco mil marcos". Coche que destrozó en un viaje a Croacia al poco de su adquisición. "Allí donde la gran pared escarpada de Opatija resplandecía cegadoramente al sol de la tarde, un coche invadió desde la izquierda mi carril, chocó de frente con la parte delantera del mío y la aplastó por completo".

La parte más irónica del libro ocurre en las ceremonias de entrega de los Premios,en El Grillparzer "Cuando la miré una vez, vi que la señora ministra Firnberg, así se llamaba, se había dormido, lo que tampoco se le había escapado al presidente Hunger, porque la ministra roncaba, aunque muy suavemente, roncaba, con el suave ronquido de los ministros, conocido en el mundo entero".
En el premio Nacional Austriaco de literatura. "Todo lo que decia el ministro era falso, y evidentemente su secretario me había confundido con algún otro, pero no me irritó más, porque estoy acostumbrado a que los políticos, en estas ocasiones, sólo digan tonterias y cosas inventadas, por qué había de ser distinto el señor Piffl- Percevic".
En la replica de Thomas como no utilizó la palabra Estado en un contexto sumiso sino sumamente critico, el ministro tuvo esta reacción. " Todavía no había llegado al final de mi texto cuando el ministro, con el rostro de un rojo encendido, se puso en pie de un salto y se dirigió hacia mí, lanzándome a la cara algún insulto para mí incomprensible. Sumamente excitado, se alzó ante mí, amenazándome, efectivamente, se dirigió hacia mí alzando la mano con cólera. Luego avanzó dos o tres pasos en mi dirección y entonces dio una media vuelta brusca y abandonó la sala...Luego estalló el caos. Yo no comprendía nada de lo que había ocurrido. Había tenido que soportar allí una humillación tras otra y luego había leído mi texto, según creía inofensivo, y entonces el ministro había abandonado furioso la sala y sus vasallos se dirigían contra mí. Toda la turba de la sala, personas todas que dependían del ministro y recibían subvenciones y pensiones."
Thomas Bernhard mantuvo con su país Austria una relación amor odio. Al fallecer, el 12 de Febrero de 1989, su ultima voluntad fue: prohibir durante la vigencia de sus derechos de autor (setenta años) toda representación, publicación o impresión de su obra en Austria. Sus restos reposan en Viena en una tumba sin nombre, también por deseo expreso.

jueves, 12 de noviembre de 2009

miércoles, 11 de noviembre de 2009

WISLAWA SZYMBORSKA


POSIBILIDADES


Prefiero el cine.
Prefiero los gatos.
Prefiero los robles a orillas del Warta.
Prefiero Dickens a Dostoievski.
Prefiero que me guste la gente
a amar a la humanidad.
Prefiero tener a la mano hilo y aguja.
Prefiero no afirmar
que la razón es la culpable de todo.
Prefiero las excepciones.
Prefiero salir antes.
Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.
Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.
Prefiero lo ridículo de escribir poemas
a lo ridículo de no escribirlos.
Prefiero en el amor los aniversarios no exactos
que se celebran todos los días.
Prefiero a los moralistas
que no me prometen nada.
Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.
Prefiero la tierra vestida de civil.
Prefiero los países conquistados a los conquistadores.
Prefiero tener reservas.
Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.
Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.
Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.
Prefiero los perros con la cola sin cortar.
Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.
Prefiero los cajones.
Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado
a muchas otras tampoco mencionadas.
Prefiero el cero solo
al que hace cola en una cifra.
Prefiero el tiempo insectil al estelar.
Prefiero tocar madera.
Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.
Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad de que el ser tiene su razón.


NADA DOS VECES


Nada ocurre dos veces
ni sucederá, por eso
sin experiencia nacemos
sin rutina morimos.

En esta escuela del mundo
ni siendo malos alumnos
repetimos un año,
un invierno, un verano.

No es lo mismo ningún día,
no hay dos noches parecidas,
igual mirada en los ojos,
dos besos que se repitan.

Ayer mientras que tu nombre
en voz alta pronunciaban
sentí como si una rosa
cayera por la ventana.

Ahora que estamos juntos
vuelvo la cara hacia el muro.
¿La rosa? ¿Cómo es la rosa?
¿Cómo una flor o una piedra?

Dime por qué, mala hora,
con miedo inútil te mezclas.
Eres y por eso pasas.
Pasas, por eso eres bella.

Medio abrazados, sonrientes,
buscaremos la cordura,
aunque somos diferentes
como dos gotas de agua pura.

Wislawa Szymborska