martes, 19 de octubre de 2010

EL FRACASO DE LA REPÚBLICA EN ESPAÑA

Este domingo en el diario El País, Eduardo Mendoza, ganador del premio Planeta con Riña de Gatos:

No había tocado la Guerra Civil ¿por qué ahora?
Es un tema que fui a buscar por todo lo de la ley de Memoria Histórica. Me interesa ver como era la Guerra Civil antes de la Guerra Civil, cuando nadie sabia que lo acabaría siendo, cómo se fue haciendo día a día, ver la dimensión del desconcierto, de la ignorancia de lo que podría pasar y constatar como la escalada de discursos acabó condenando a la gente a hacer cosas que quizá no querían o no sabían...Y así te das cuenta de que esa desgracia la movieron generales borrachos, seudofascistas sin ideas claras, revolucionarios que no sabían ni lo que era la revolución.

¿Qué tal los revisionismos históricos sobre ese periodo?
-¡Ah, no! lo de 1936 lo tengo muy claro: la culpa en una pelea la tiene quién la empieza, no valen excusas de que es que el otro hizo antes tal... Y quien la empezó fue un cabroncito bajito que todos conocemos


EL FRACASO DE LA REPÚBLICA EN ESPAÑA




Pío Baroja consideraba a los políticos como los principales responsables del fracaso de La República , y, así nos lo cuenta en sus memorias. La República traería una serie de derechos para los que no tenían ninguno. Y una mínima merma, no en los derechos, sino en los privilegios de los de siempre (caciques, clero y militares). Probablemente los políticos de la época no estuvieran a la altura de las circunstancias y, no supieran buscar un equilibrio entre ambas situaciones. Pero los campesinos y obreros españoles, que vivieron en la ignorancia y el analfabetismo durante tantas generaciones, sí necesitaban las reformas, que según Pio Baroja, se tenían que haber realizado más lentamente.Nada de lo anterior justifica el levantamiento de los militares.


Azaña, al comienzo del primer bienio, desde el Ministerio de Guerra, hizo que un gran número de oficiales del ejercito, al parecer desafectos al régimen, siete u ocho mil, quedaran en situación de retirados, casi con el mismo sueldo que tenían en servicio activo. Para ellos esta medida no era un perjuicio, sino más bien un beneficio, porque les permitía cobrar del estado y dedicarse a otra cosa. No era un perjuicio pero era una ofensa que no olvidaron.

Cuando vino la Republica, lo natural y lo eficaz hubiera sido formar un gobierno fuerte, que hubiera preparado reformas relativamente modestas, y las hubiera realizado despacio y con orden. Pero los politicos y los oradores necesitaban el escenario para lucirse.Todos ansiaban que llegara el momento de brillar, de mostrar su arte de histrionismo, y enseguida se prepararon las cortes, y después una Constitución un poco utópica y pedantesca. Luego siguió la gran batida oratoria, porque todos nuestros más ilustres charlatanes creían, como Antonio Maura, que la salvación estaba en perorar con luz y taquígrafos. Los repúblicanos antiguos y otros muchos monarquicos, como Alcalá Zamora, Azaña, Ossorio y Gallardo y demás, y algunos republicanos como Lerroux, fracasaron de una manera absoluta. El gobierno de nuestra República , no comprendió que a sus enemigos tradicionales, al conservador, al católico, al reaccionario, a los llamados blancos había que tratarlos con cierta consideración como vencidos. Por táctica nada más y por prudencia, no por simpatía.
Había que cambiar la bandera. ¿Para qué? añadirle un morado al rojo y al amarillo por una leyenda que no se sabe si es cierta, de que Castilla, usaba antiguamente como símbolo el pendón morado.
También para seguir el tradicionalismo revolucionario se quitarían los crucifijos. ¿Es que se iban a olvidar que hay una imagen de Cristo crucificado, en unos pocos años, cuando todavía en Europa, al cabo de veinte o de veinticinco siglos hay la tradición remota de las Venus, a pesar de la persecución furiosa en contra de las imágenes paganas que ordenó en todos los tiempos el cristianismo? La empresa era inútil y perjudicial.
Se ha perseguido no sólo al clero, sobre todo al clero pobre, sino a las costumbres de los pueblos. Se han prohibido fiestas y procesiones que a nadie estorbaban  y que eran gratas a las ciudades y a las aldeas.. Ha sido una campaña pobre porque les ha servido a sus enemigos de propaganda.
A los industriales el gobierno los ha acogotado. Yo conozco algo de la industria editorial. Había en Madrid hace catorce o quince años, unas veinte casas editoriales; de éstas, la mayoría pequeñas tres o cuatro grandes. Por exigencias de los obreros, de jornales, de horas de trabajo, de número de operarios, patrocinadas por el gobierno se han cerrado casi todas las editoriales, menos dos o tres.
Matan la gallina de los huevos de oro. Si las industrias mueren, el Estado las creará de nuevo. ¡Qué ilusión! ¡Y qué superstición!
 Las exigencias de la CNT en el ramo de la construcción eran cómicas. Semana de cuarenta horas. Sólo cincuenta y siete ladrillos a colocar diariamente. Jornal mínimo de peón de albañil, diez pesetas. Eso no está mal. Si la mujer del obrero quedaba enferma o de parto el patrono pagaría los gastos. Si el trabajador era joven e iba soldado, le abonarían la mitad del jornal. Además el patrono estaba obligado a costear asilos, escuelas, hospitales. Podían haber añadido que era obligación del  patrono llevar el chocolate a la cama a los obreros, hacer la colad y divertir a los niños de los camaradas.
 La reforma agraria tan cacareada, en realidad o se hizo. Ni había plan, ni ganas de hacerla; era una plataforma política.
Las tiendas debían de estar abiertas ocho horas al día y debían cerrarse los domingos. Era desconocer el régimen de vida de los tenderos de los pueblos. La tienda del comerciante de aldea, a menos de la aldea Vasca, es al mismo tiempo parte de su casa.
Las gentes de los caseríos hacen sus transacciones comerciales los días de fiesta no se va a modificar la costumbre ancestral del campesinado por un decreto o una orden.
 Muchas de estas medidas en las ciudades y en los campos, la mayoría doctrinarias, sin sentido de la realidad, acompañadas de jactancias y desplantes han hecho que casi toda España vea con simpatía la rebelión contra unos políticos que no han conseguido realizar nada bueno para nadie.
Los revolucionarios quieren, sobre todo vencer y castigar. De aquí su parecido con los fanticos de la religión, Quieren se los amos y desde que sienten esta necesidad o este deseo se convierten en seres de aire satánico o demoníaco, en cultivadores del culto de Baco- Dionisios. Llega un momento en que no son sus ideas,generalmente pobres, sino que defienden su mando, sea como sea.
Desde la última vuelta del camino. (Pío Baroja)

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