viernes, 9 de enero de 2009

SEPTIEMBRE, RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN












Escribía el bueno, el malvado, el tierno, el ácido, el admirado, el odiado, el revolucionario, el misántropo, el irremplazable y magnifico Jean-Jacques Rousseau, ese hombre poliédrico de las mil caras, quizás el primer sujeto plenamente moderno de la historia occidental: "Los climas, las estaciones, los sonidos, los colores, la oscuridad, la luz, los elementos, los alimentos , el ruido, el silencio, el movimiento, el descanso, todo influye en nuestra maquina y por lo tanto en nuestra alma".
Me resulta muy grato pensar que, acabado el fingimiento agosteño, al fin podemos congratularnos otra vez de vivir bajo el vivificante nordeste gijonés sin por ello sentir lástima de nosotros mismos.
Recuperada "nuestra máquina" y " nuestra alma", llega de nuevo el tiempo de ser norteños a mucha honra, sin arrugar el ceño cada mañana al ver el mapa de las isobaras, como si tuviéramos el corazón de un fenicio, de un sirio o de un caribeño nacido y muerto bajo la férula de Amón Ra o alguno de sus hermanos de leche.
Cierto que nos desgañitamos entre Junio y Agosto clamando por calor; sol y un termómetro cercano a los 30 grados, pero ¿realmente nos gustan semejantes tormentos? Imaginemos un Gijón con el aire reventado por las chicharras, con la gente friendo huevos en la acera de la calle Corrida y con el emblema de Chillida o las chaponas de Alba como crematorios para paseantes. Imaginemos un Gijón con el ruido de fondo de los aires acondicionados sonando igual que la respiración de un gigantesco insecto, con chiringuitos llenos de pies y sobacos sudados mientras botellas de sidra languidecen entre agua almibarada, con piscinas de cloro viscoso donde nadan triperos de interior y bustamantes o Bisbales se desgañitan en la radiofórmula del momento. Yo me lanzaría al Atlántico y lo más cerca que recalaba era con los rebaños de las remotas Shetland.
Somos un sudor escaso, lo que este viento nuestro nos susurra, la nostálgica vocación atlantica que se nos ha regalado. Fresco en las venas y la cabeza despejada; atezados por el salitre, que no por la forja, y comedores de pescado poco hecho. Lo demás son ganas de convertirnos en bárbaros del desierto.
Un clima suave, un otoño hermoso, un mar mercurial. Que duren.

PD En su momento cuando salió este articulo en el Comercio me gustó tanto que lo recorté y lo guardé.Ricardo Menéndez Salmón es un gran escritor. Lo acompaño de una foto de FERTRABAN, que sabe recoger muy bien todos los rincones de Gijón y además hace unas fotos con mucho gusto.

3 comentarios:

  1. estoi totalmente de acuerdo con el ,habra mayor felicidad que cuando llega el otoño con el nordestin...., lo unico que faltaria pa ser perfecto seria 2 mesinos de calor , pero ye lo que hay......

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  2. Uffff, lo de imaginarme a gente friendo huevos en las aceras de la calle Corrida me ha hecho replantearme mi gusto por el calorín, el solete y el veranín. Mejor que las cosas se queden como están y si en Agosto llueven 13 días, otros 15 ta nublao, y solo hay dos con cielo despejao, pues mira, esto ye Xixón y así tien que ser.
    Muy chulo tu blog amigo!

    Fer

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  3. Pues si, y les brumines, donde se ve todo difuminao..., el sol ye muy güapu, pero...¡hay que poner gafes pa mirar y pierdes mucho!

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