domingo, 6 de mayo de 2012

¡AY QUÉ TENER MALA LECHE!

El Escándalo, semanario de cuatro páginas, tan desesperadamente batallador y bien informado, que apenas nacido conquistó la popularidad. Se vendía a cinco céntimos. El éxito mayor lo alcanzó con el tercer número, cuando dijo que el dueño del antiguo Café Cervantes- sito en el entronque de las calles Alcalá y Barquillo, y frente a la puerta reservada a los artistas del Teatro Apolo- adquiría a bajo precio la leche en que, para lozanear sus fatigadas carnes, se bañaba la anciana marquesa de La Laguna. La gente, asqueada, convirtió la noticia en "el tema del día". hubo quien, apenas la oyó se declaró enfermo, y los comentarios más benévolos pedían, para el desaprensivo industrial que hacía tal negocio, unos años de cárcel.
Al día siguiente la marquesa para empeorar la cuestión, decía en un corro de amigas:
-¿Cómo saber lo que hacen mis criados con la leche?...Lo más probable es que la vendan.
El dueño del Cervantes cerró el café y andaba buscando a los redactores para matarlos. El viejo Granés se insolentó con la gente del juzgado.
-¡Yo no escribo escándalos-gritaba-, yo los doy!
Por lo que le impusieron cien pesetas de multa. Al cabo, nuestros enemigos fueron tantos, que el periódico no pudo pasar del octavo número.
Eduardo Zamacois

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