sábado, 21 de abril de 2012

TRES VISIONES SOBRE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ



Recuerdo a Juan Ramón , sentado a dos pasos de nosotros, de medio perfil, como si al hablar mirara al infinito, con las piernas cruzadas, y uno de los brazos apoyado en una mesa sobre la que se levantaba, al compás de la conversación, como ligero trazo de lo que iba diciendo, su mano blanca; de su figura se desprendía un sabor principesco; pero oriental, andaluz por tanto. Ese rostro pudo haberlo tenido, en nuestra imaginación un Omeya: pálido, de rasgos muy finos y trabajados por un fervor oculto, con los ojos ahondados en las órbitas, esos ojos a los que les cuesta moverse, no por estáticos sino por graves. Llevaba, como se sabe, barba, cuidada, ni decimonónica, descansando sobre el pecho, ni de las que, lineales y condotieriles, comenzaban a exhibir los petulantes jóvenes italianos; recordaba, más bien, a esas, levemente rizadas, que nuestros tallistas gustan de perfilar en los Cristos muertos y que le daba, por tanto, más que apostura, un dejo de flaqueza. El timbre de su voz, que yo oía por vez primera, sonaba también, para mí, por última vez. Aquella tarde pasó revista a los acontecimientos intestinos y tuvo, para todos, alfilerazos, y aun algo más. Pedro Salinas se llevó, que yo recuerde, la peor parte.
Parecía una encarnación del Tiempo, y con él, de los rincones del tiempo. En una isla del Caribe, como un emigrado más, recibiría, junto al cadáver de su mujer, solo por tanto, la noticia de habérsele adjudicado el premio Nobel.

Memorabilia
Juan Gil Albert
P.D Juan Gil Albert lo visitó en su casa de Madrid acompañado de Ramón Gaya y Enrique Azcoaga



A mi me gustaba Juan Ramón, y un tiempo después, cuando lo conocí en su casa de la Habana, me resultó incongruente su figura de Greco sentada en una mecedora tropical. Años más tarde don Luis Araquistáin me dijo: "Juan Ramón siempre fue un maniático. Tiene horror de la gente. Una tarde fui a su casa para pedirle una colaboración para Leviatán y una voz salió detrás de un biombo y dijo: "Juan Ramón no está en casa", y el biombo cruzó el salón de puntillas y desapareció por una puerta. ¿Qué le parece, doña Elenita....? A mí me pareció muy bien.

Elena Garro
Memorias de España 1937

Pero, a mi niño, por mucho que me hubiera gustado el borriquillo no me gustó su autor. Todo de negro, la barba aunque canosa también negra. Adusto, serio, de mirada penetrante, pero completamente exenta de bondad.

Manuel Fernández Montesinos
Lo que en nosotros vive


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