martes, 17 de mayo de 2011

NO SABER


El tiempo es una estación de la eternidad, su fúnebre primavera.
Cioran

Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia. Muerte sin previo aviso,o sea, la vida que se detiene. Y puede detenerse en cualquier momento.

La invención de la soledad
Retrato de un hombre invisible
Paul Auster

NO SABER
Sólo la muerte dice con franqueza
-y no a quienes con ella se van; únicamente
a los que aquí se quedan tras su paso-
que algo se terminó. Todos los otros
sucesos y avatares esconden el secreto
de su final, que pasa inadvertido
al corazón y al ojo. Por fortuna, no hay
certidumbre del punto en que una cosa acaba:
Conocer hasta el fin siempre es dolor.
Así teje la vida
los días y las noches del existir. Y en ese
piadoso no saber, en esa trama
de compasiva oscuridad,
no falta nunca el hilo luminoso
de la esperanza.

Eloy Sánchez Rosillo
La certeza

3 comentarios:

  1. ¡¡mira que estas profundu estos días!! no suspires tanto y piensa en les vacaciones y en que esa silla que necesita una manina de pintura

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  2. "latia"17 de mayo de 2011, 19:27

    Lo peor, eso..., sin previo aviso. Y después pensar, los sueños que marcharon y que podrían realizarse.
    Sigues haciendo fotografies guapes.

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  3. Así empieza este libro de Paul Auster, el muerto era el padre del escritor. A mi lo único que se me ocurre decir en estos casos es eso tan profundo: ¡no somos nada!. Bueno por eso él escribe y, yo pico piedra (Minerpicapiedra).
    Según Mary (palabra de Dios) tengo que darle una mano de pintura a la silla, pues me parece a mi que no. Bueno igual la pinto con el fotoshop.

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