sábado, 5 de marzo de 2011

LA COMPAÑÍA DE LOS LIBROS



La foto es de la Biblioteca Pública de Londres después de un bombardeo durante la segunda guerra mundial. Y el relato es de la novela: "Todo lo que se llevó el diablo" de Javier Pérez Andújar. Espero que este breve relato anime a su lectura.

Conocí a un músico que tocaba el violín en los cafetines y en los casinos, le contrataban siempre con el mismo pianista. No sé si te haces cargo, sólo tienes que imaginarte a un par de bohemios con capa y muertos de hambre, a la antigua usanza. Tu piensa en dos curas con la sotana llena de polvo y que no hayan comido en tres días. Pues lo mismo. El tío era más pobre aun que todo eso pero el caso es que prefería la pobreza al trabajo. Tocaba el violín para tener algo que le eximiera de buscarse una ocupación. y lo que de verdad le gustaba lo que prefería por encima de todas las cosa, era tumbarse a leer novelas de Harry Dickson. Se las sabía todas de memoria. Y mira que hay. Las aventuras de los hombres lobo, los vampiros que cantan, el monstruo de las nieves, los ídolos negros, las gorgonas resucitadas...El asunto es que una vez les llamaron a él y a su amigo de una casa muy adinerada  de Barcelona. Tenían que tocar en el cumpleaños de la hija de los señores. Aquella familia se había hecho rica con el algodón y ahora la hija se gastaba la fortuna de los padres  en hacer libros. No en escribirlos, eso es para ilusos. Ella los mandaba imprimir y los vendía. Vivían en un palacete de dos pisos, con muros blancos, balcones circulares, buhardillas de cristal y tejado de pizarra como si en vez del Tibidabo estuvieran en los Alpes. Un jardín con un estanque rodeaba toda la finca. Resulta que al violinista, que entre pieza y pieza le metía mano a los cócteles, se le cayó al agua el arco del violín y cuando se agachó para recogerlo se dio de narices con un sapo, que se le meó en los ojos, y al día siguiente ya estaba ciego. No sé cómo, pero el caso es que la hija de los señores se enteró, sintió pena del hombre y le mandó a su pensión un baúl con todas las novelas en los bolsillo. Entraba en todas las tascas pidiéndole a los parroquianos que le leyesen los libros en voz alta. Un día se me ocurrió decirle a Vicenc, porque el violinista se llamaba así, Vicente; le dije: Se habrá cubierto de gloria la señora con su regalo, Vicenc. Y va y me suelta que esas novelas eran el mejor regalo que nunca le podrían haber hecho. ¡Pero si ya no puedes leerlas mameluco! le contesté. Y entonces me responde: Pero tú no sabes la compañía que hacen.
           TODO LO QUE SE LLEVÓ EL DIABLO
           JAVIER PÉREZ ANDÚJAR
           TUSQUETS

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