domingo, 25 de octubre de 2009

LA MUERTE DE LORCA

El que quiera un corazón
que pregunte por mi olvido.
Lorca

Leo en Hotel Universo, el último diario de José Luis García Martín, esta historia sobre la muerte de Federico Gacía Lorca:

A Lorca lo mataron porque, pocos años antes, un tipógrafo fue despedido al no querer afiliarse al sindicato socialista del Arte de Imprimir. Se llamaba Ramón Ruiz Alonso.
Como siempre he sentido fascinación por los fantasma y los monstruos, leo de un tirón El hombre que detuvo a García Lorca, el libro que le acaba de dedicar Ian Gibson. Y resulta que también los monstruos tienen su corazoncito. "Era un padre estupendo, tierno y cariños, con algunos defectos, claro, como todo el mundo", declaró su hija, la actriz Terele Pávez en un programa de Jesús Quintero. Le tocó cargar, sin culpa al decir de su hija, con uno de los más horrendos crímenes de la Guerra Civil. A él y a toda su familia. Cuando estudiaban, cuando leían en clase algún poema de Lorca, siempre había alguna niña que había oído algo en casa y murmuraba y las miraban mal y se apartaban de ellas en el recreo. También luego algún compañero de trabajo. Las tres hermanas dejaron de lado el apellido del padre. Pero no porque se avergonzaran de él, sino para evitar preguntas incomodas, esquivar la calumnia. Porque su padre no tuvo nada que ver con la muerte de Lorca. A él le ordenaron detener al poeta y llevarlo al gobierno civil para que fuera interrogado. Y cumplió ordenes. Eso fue todo. Volvió a casa con su familia y no tuvo nada que ver con lo que vino después. Su padre no tenía ningún poder, no era nadie un hombre de pueblo, un trabajador que había conseguido llegar a diputado con mucho esfuerzo. Cumplió una orden sin tener siquiera idea de lo que podía significar y solo por eso tuvo que cargar con la culpa del crimen horrible. "¿Por qué no fue al gobierno civil el padre del poeta para sacarlo de allí? -se lamenta Terele Pávez-. ¿por qué no fueron los Rosales? ¡Y luego resulta que Ruiz Alonso tuvo la culpa de todo!"
Si no tuvo la culpa de todo, sí tuvo buena parte de la culpa, según documenta, con minucia ejemplar, Ian Gibson. Y cargó con esa culpa, e hizo cargar con ella a toda su familia, aunque nunca fuera juzgado ni denunciado. Sus propios correligionarios le dejaron de lado ya en plena guerra civil, como cuenta Ridruejo en sus memorias.Y luego, en el franquismo, aunque nadie decía nada, todo el mundo sabía y le repudiaba. Cierto día,una de sus hijas, la actriz Emma Penella, sufrió un accidente de automóvil sin consecuencias cuando volvía de una juerga por los alrededores de Madrid con Paco Rabal. Un periódico, creo que Informaciones, se permitió aludir maliciosamente a la pareja adúltera. El padre se presentó como un energúmeno en el despacho del director. Este, sin inmutarse, le recordó que no estaban en 1936 ni en Granada. El "obrero amaestrado", el mastín de la CEDA, el ogro vengativo de la guerra civil, ya no asustaba a nadie. Cuando algún investigador llegaba hasta él, proclamaba su admiración por Lorca (entre los pocos libros de su despacho nunca faltaba el tomo de Aguilar con las obras del poeta) y su inocencia. Llevó al escritor hasta el gobierno Civil solo porque creía que no iban más que a interrogarle; si hubiera llegado a imaginarse el fin horrible que le esperaba, aunque él se jugara la vida, habría desobedecido la orden...Cuando murió Franco, temiendo que hicieran con él lo que él había hecho con tantos, Ruiz Alonso desapareció de España, se borró del mapa. Parece que murió en Estados Unidos en fecha no precisada.

1 comentario:

  1. Muy interesante. Algo que yo ignoraba. ¡Tendré que leer el libru! y como no apuro lectura como tú.... ¡tan amontonándoseme!

    ResponderEliminar